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LA NOTRA MUSICA. Música para las fiestas de moros y cristianos

En los Moros y Cristianos, hablar de Fiesta es hablar de Música. No se puede entender ningún acto propiamente “festero” en el que no esté presente una marcha, un pasodoble, esa fusión de melodía y ritmo que te traspasa, te entra por todos los sentidos y te llega al espíritu, provocando un impulso irresistible de “marcar el paso” y, a más de uno, de coger el sable.

Llegados a este punto cabe plantearnos la pregunta de ¿qué se entiende por Música Festera? En el I Centenario de la Música Festera de Moros y Cristianos celebrado en el año 1982 se define el concepto de «Música Festera» como la música compuesta para los diversos desfiles de Moros y Cristianos y se dice que es un importante patrimonio cultural y común de todas las poblaciones que celebran la Fiesta de Moros y Cristianos, tanto de la originaria como de las demás que la siguieron. Es un término difícil de definir porque en muchas ocasiones engloba erróneamente diferentes estilos de música y no sólo la Música de Moros y Cristianos. La Música Festera no se interpreta dentro del marco de una fiesta en singular, sino de la Fiesta de Moros y Cristianos y es interpretada por una banda de música. En este sentido preferimos hablar más bien de Música para la Fiesta de Moros y Cristianos.

Además de la música propia del desfile (marchas moras, cristianas y pasodobles), dentro de esta música tienen cabida otra serie de formas musicales como son: los pasodobles marcha, pas-moro, marchas de procesión, poemas sinfónicos, bailes, himnos de fiesta, himnos de comparsas, himnos patronales, ballets, fanfarrias o música incidental para boatos.

Pero repasemos un poco los orígenes de esa expresión artística tan propia y autóctona de la música funcional para la Fiesta dentro de los desfiles.

Así como la Fiesta ha evolucionado con el paso del tiempo, la música también lo ha hecho y continuará haciéndolo según las necesidades de cada momento. Se sabe que la pieza más antigua localizada hasta la fecha es una marcha de mediados del siglo XVIII escrita en Re mayor para dos pífanos y tambor.

El siglo XIX es realmente interesante para estudiar el nacimiento de la Música Festera actual. Se sabe que hasta los años treinta del siglo XIX las comparsas desfilaban acompañadas por este tipo de música, con instrumentos de viento y percusión. En el año 1817 la Filà Primera de Lana de Alcoi (hoy Filà Llana) se hace acompañar en la Entrada Mora por una Banda de Música, la Banda del Batallón de Milicianos Nacionales, la única banda que por aquel entonces existía en la ciudad. El repertorio que se interpretaba podía abarcar desde pasodobles hasta polkas, mazurcas, valses y habaneras.

Pero la Fiesta necesita un tipo de música propia, específica, una música que todo el pueblo identifique, y exige un ritmo que sea genuinamente festero y que esté de acuerdo a los desfiles: música “ad hoc”, original y compuesta exclusivamente para los desfiles. El compositor Juan Cantó Francés (1856-1903) fue pionero en este sentido al escribir, ex profeso para la Fiesta, un pasodoble en el año 1882 que titula Mahomet; Cantó Francés marca un hito al escribir esta original pieza con ese aire moderado, brillante y elegante, concebida para los desfiles y que es el inicio y el verdadero arranque de la Música de Moros y Cristianos. Con este pasodoble Cantó consigue que la comparsa asiente más la andadura, arrastrando lentamente los pies -de ahí el nombre de sentat-. El pasodoble sentat es una composición de ritmo pausado, de 80 a 100 M/M para unos, y de 85 a 95 M/M para otros. Es un pasodoble de corte moderado, reposado, elegante y señero.

Existen muchas dudas sobre si Mahomet ha sido el primer pasodoble de la historia de la Música de Moros y Cristianos, ya que existe una cierta controversia con los que consideran que el pasodoble Un Moro Guerrero, obra del contestano Manuel Ferrando Gonzales, sería la primera pieza festera.

Hay opiniones que aluden a que el pasodoble Mahomet no aportó nada nuevo a la Fiesta excepto la alusión en el nombre y, otras, a que Cantó Francés continuó en su música sin ningún tipo de innovación después de componer el pasodoble y que no creó ningún tipo de escuela en sus contemporáneos o en la generación posterior. Se prefiere pensar que podrían ser El Capitán (1894) de Camilo Pérez Laporta (1852-1917) o La Primera Diana (1880), del mismo compositor los primeros pasodobles compuestos para la Fiesta.

Se cree que es justo pensar que Mahomet se interpretara por primera vez en la Fiesta con las características de pasodoble sentat y de que marcaría un antes y un después en las piezas que acompañarán el desfile y, por tanto, es la primera pieza en su género.

El pasodoble festero se separa cada vez más del patrón originario que lo hizo nacer. Y así, en 1891 el maestro José Espí Ulrich (1849-1905) compone, también ex profeso para la Fiesta, el pasodoble Anselmo Aracil, que por sus características merece la denominación de festero, aunque en otras poblaciones se denomina dianer o ligero, de carácter vivaz y alegre.

Con los pasodobles dianer y festero la música inicia su camino en la Fiesta pero no hay distinción alguna en el ritmo. Está claro que todavía no existe una música compuesta expresamente para los desfiles. Camilo Pérez Laporta compone para ella la primera pieza que aparece adjetivada como marcha árabe, la marcha Benixerrajs (1904). Aunque no se sabe si esta marcha fue estrenada en ese año o en años sucesivos. El que sí es reconocido como compositor de la primera marcha mora de la historia de la Música Festera es el alcoyano Antonio Pérez Verdú (1875-1932). Pérez Verdú compuso expresamente para la Fiesta la pieza A-Ben-Amet (1907), título que cambiaría por el de Marcha Abencerrage. Efectivamente, esta marcha mora empleaba por primera vez acompañamiento de percusión o carabassetes -que según se ha sabido son unos timbales pequeños- y ahí residió su innovación, lo que le llevó a diferenciar por primera vez la música que se interpretaría en cada uno de los desfiles.

Así surge la marcha mora de 65 negras por minuto que se llamaba “marcha árabe u oriental”, denominación que pierde con el paso del tiempo y pasa a llamarse “marcha mora”. Sobre si A-Ben-Amet es la primera marcha de la historia de la Música Festera, las opiniones son muchas. Por ejemplo, Oriola Velló prefiere hablar de una evolución progresiva desde el pasodoble y descartar que haya sido A-Ben-Amet la primera marcha mora de la historia; o la opinión de Angel Lluis Ferrando Morales que esclarece un poco el tema y, aunque no le quita la autoría a A-Ben-Amet como primera marcha mora, dice que hay partituras compuestas antes, aunque no asegura con certeza que se hayan interpretado en los desfiles. Lo que es seguro es que la persona que marcó la estructura definitiva de la marcha mora fue Camilo Pérez Monllor (1877-1947) con su obra estrenada en 1914 Uzul el m’selmein o L’Entrà dels moros.

El siglo XX avanza y con él llegamos a una renovación en la música, tanto en el aspecto melódico como en el instrumental, dando mucha importancia al elemento rítmico y a la percusión, sobre todo de los timbales. Pero todavía queda algo por hacer en el terreno de la Música Festera y es el nacimiento de la marcha cristiana. Era necesario distinguir la temática de la Entrada Cristiana como música creada ex profeso para ella, y surge Aleluya (1958) gracias al alcoyano Amando Blanquer Ponsoda (1935-2007). La marcha cristiana es un género musical cuyo aire es de unos 85 pisadas/minuto con predominio del sonido de los metales. Es música con clímax guerrero y compacto sonar de trompetería en la que los metales priman más que la madera.

No cabe duda que el estreno de esta obra fue todo un acontecimiento y que con ella Amando Blanquer marca un antes y un después en la Música Festera y, lógicamente, en la Fiesta de Moros y Cristianos. A pesar de este éxito aparente, no fue una pieza bien acogida en el mundo festero del momento, pues la percepción que tenía la gente de la calle era más bien contradictoria, ya que las opiniones a favor y en contra fueron muchas. No acababa de quedar definida la marcha cristiana como género para el desfile cristiano, pues muchas comparsas continuaban desfilando con pasodobles.

La consolidación de la marcha cristiana fue debido a las buenas aportaciones de músicos como Jose Mª Ferrero Pastor (Bonus Cristianus de 1966), José Mª Valls Satorres (Als Cristians de 1975), José Vicente Egea (Piccadilly Circus de 1991),… e incluso el propio Blanquer Ponsoda.

Por último, se debe considerar la música para la Fiesta de Moros y Cristianos como una música original y un género desconocido en muchos ámbitos que debe ser sacado a la luz. Además, es el único género compuesto que ha sufrido una evolución tanto formal como estética pareja a la música que ha generado, hecho que hace que contemos con un gran abanico de composiciones que merecen ser estudiadas, analizadas y proyectadas socialmente, ya que, aparte de su valor como piezas musicales, tienen un valor pedagógico muy interesante y por descubrir.

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